Hace unos días leía yo un artículo del malpensante en el cual se exponía la farsa de las publicaciones universitarias en Colombia. El autor mostraba como un círculo de revisores y revisados se valían del sistema generado por colciencias para calcular el salario de un docente para desangrar al erario público. El autor particularmente critica a las ciencias humanas, y de hecho asume ingenuamente que estas cosas no pasan en las ciencias puras y/o ingenierías. Desafortunadamente para el autor de aquel artículo, mi experiencia me ha mostrado que estas aberraciones ocurren incluso en los círculos más importantes de la ingeniería. Para sustentar lo que digo, puedo hablar sobre mi propia experiencia.
Hace unos años, antes de emigrar de Colombia tuve la oportunidad de vincularme como asistente de investigación en un proyecto desarrollado por una prestigiosa universidad, patrocinado en una parte por colciencias y en otra por una reconocida compañía Colombiana. En esa época era recién graduado e idealista. Soñaba en hacer investigación por que creía en la ciencia, por eso, no dudé un par de segundos en tomar el puesto.
Tras meses de trabajar en un software del que nadie tenía idea de como debía funcionar de tal manera que los requerimientos cambiaban cada día. Tras dificultades tratando de contactar y/o entrevistar personal dentro de la compañía. El proyecto tuvo un abrupto final tan pronto como se publicó un artículo en una conferencia. Doloroso para mí fue el hecho de dejar a un lado a la única persona que había creído en nuestro proyecto, por que el director de este no le consideró relevante y, francamente creo yo, ya no estaba más interesado en el proyecto. En ese momento me di cuenta de la triste realidad. A nadie le interesaba nuestro trabajo y las razones por las que se hacía este proyecto obedecían más a motivos económicos y de reputación, que a un amor por la ciencia.
El negocio funcionaba así: la compañía que financiaba en parte el proyecto y en la cual este se desarrollaba estaba solo interesada en dos cosas, en primer lugar, un descuento, equivalente al 120% del costo del proyecto, en los impuestos. En segundo lugar, mantener la reputación de ser una compañía que patrocina la investigación. Al director del proyecto, le interesaba publicar un artículo para que, como lo demuestra el artículo del malpensante, le subieran el puesto. Pero eso no termina ahí. Al comenzar el proyecto se pasa un presupuesto a Colciencias, en el cual se estipulan los gastos que el proyecto tendrá, estos gastos incluyen rubros como computadores nuevos, salarios de los asistentes, gastos para reuniones de socialización, incluso había un rubro para una reunión bastante grande para el lanzamiento del proyecto. Si el jefe ahorraba dinero en esos rubros él se quedaba con la diferencia. Obviamente no es algo tan rápido como eso, pero si se conocían las personas correctas, ese era el resultado.
Estas cosas desilusionan cuando uno cree en la ciencia. Antes de que esta historia tuviera lugar, pertenecí a un laboratorio donde las cosas se hacían con idealismo. La gente trabajaba por amor a lo que hacía. Claramente, estos proyectos, donde si se hacía ciencia, nunca lograron patrocinio de colciencias. Probablemente por que su enorme presupuesto era desangrado en proyectos similares a aquel en el cual yo trabajé.